Arte y vino

un diálogo eterno entre los sentidos

Por Estela Ferrer Raveiro

Desde tiempos ancestrales, el vino ha sido mucho más que una bebida. Ha sido símbolo, rito, inspiración y lenguaje cultural. Su presencia atraviesa la Historia del Arte como un hilo rojo —o tinto— que conecta civilizaciones, mitologías y formas de entender el mundo. Hablar de arte y vino es, en realidad, hablar de una relación profunda entre creación, placer y comunidad.

En la Antigüedad clásica, el vino encontró su máxima personificación en Baco (Dionisio), dios del vino, del éxtasis y de la fertilidad. Su iconografía es una celebración de los sentidos: cuerpos en movimiento, miradas desbordadas, escenas de banquete y libertad. Artistas griegos y romanos entendieron el vino como una puerta a lo divino y a lo humano al mismo tiempo, una sustancia capaz de disolver límites y despertar la creatividad. No es casual que Baco haya sido una figura recurrente durante siglos, reapareciendo con fuerza en el Renacimiento y el Barroco, de la mano de artistas como Caravaggio, Tiziano o Velázquez.

Diego Velázquez
Los borrachos o el Triunfo de Baco, 1628 – 1629
Óleo sobre lienzo, 165 x 225 cm.
Museo Nacional del Prado, Madrid, España

Renoir Pierre-Auguste
El almuerzo de los remeros, 1881
Óleo sobre lienzo
129,5 × 172,7 cm.
Colección Phillips, Washington D. C., Estados Unidos

Durante la Edad Media, aunque el enfoque artístico se volvió más espiritual, el vino mantuvo su importancia simbólica, especialmente ligado al ritual cristiano. Más adelante, en la pintura flamenca y holandesa, volvió a aparecer en escenas cotidianas: tabernas, mesas familiares, bodegones. En estos cuadros, el vino habla de estatus social, de moral, de celebración o de exceso, según el contexto. Cada copa pintada es, en el fondo, un retrato de su tiempo.

Con la llegada de la modernidad, el vino se libera de la carga simbólica estricta y se convierte en un elemento de la vida contemporánea. Los impresionistas lo integran en escenas urbanas y momentos íntimos; las vanguardias lo reinterpretan desde la forma, el color y la abstracción. En el arte moderno y contemporáneo, el vino ya no solo se representa: se experimenta. Se convierte en concepto, en performance, en excusa para el encuentro y el diálogo.

Hoy, las tendencias actuales apuestan por borrar las fronteras entre disciplinas. Arte, gastronomía y vino convergen en experiencias multisensoriales donde el espectador deja de ser pasivo. Exposiciones que incluyen catas, instalaciones que juegan con aromas, colores que evocan notas de cata, artistas que trabajan directamente con barricas, botellas o paisajes vinícolas. El vino aporta tiempo, territorio y memoria; el arte, mirada crítica y emoción. Juntos, generan un espacio fértil para la conversación y el disfrute consciente.

Vincular ambos mundos en el marco de una exposición de arte no es solo una decisión estética, sino también cultural. El vino invita a detenerse, a observar con calma, a compartir impresiones. Rompe el hielo, despierta los sentidos y predispone al diálogo. En ese contexto, la obra de arte se percibe de otra manera: más cercana, más humana, más viva. La cata se transforma así en una extensión natural de la experiencia artística.

Porque al final, tanto el arte como el vino hablan de lo mismo: del deseo de comprender y celebrar la vida.

Cata de vinos en el marco de la exposición "Crónicas del Color"

Fecha: Jueves, 19 de febrero
Horario: 18:00 – 20:30
Lugar: Regus West Zürich
Badenerstrasse 549, 8048 Zürich, 1st Floor

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