El color en al arte

El color, más allá de un recurso estético

Por Estela Ferrer Raveiro

El color ha sido, a lo largo de la historia del arte, mucho más que un recurso estético: ha funcionado como lenguaje simbólico, emocional y cultural. Su tratamiento ha variado según los
contextos históricos, las creencias, los avances técnicos y las intenciones expresivas de cada época.

En el arte prehistórico y en las primeras civilizaciones, el color tenía un fuerte carácter simbólico
y ritual. Pigmentos naturales como el ocre, el negro o el blanco se utilizaban para representar la
vida, la muerte, lo sagrado o el poder. En el arte egipcio, por ejemplo, los colores estaban estrictamente codificados y no buscaban realismo, sino transmitir ideas eternas y jerarquías.

Durante la Antigüedad clásica, el color comenzó a dialogar con la forma y la proporción, aunque durante siglos se impuso la idea —errónea— de una escultura blanca y pura. En la Edad Media, el color recuperó su valor simbólico: los dorados, azules y rojos intensos de vitrales y manuscritos iluminados buscaban generar una experiencia espiritual más que una representación naturalista.

Con el Renacimiento, el color se puso al servicio de la ilusión de realidad. La luz, la perspectiva
y la armonía cromática fueron claves para construir imágenes verosímiles. Más adelante, en el
Barroco, el color se volvió dramático y contrastado, intensificando emociones y tensiones
mediante claroscuros y paletas profundas.

El gran punto de inflexión llegó con la modernidad. Los impresionistas liberaron el color de su función descriptiva y lo convirtieron en una herramienta para captar la luz y la percepción subjetiva. Luego, las vanguardias del siglo XX —como el fauvismo, el expresionismo o el abstraccionismo— llevaron el color a un plano autónomo, capaz de transmitir estados emocionales, ideas y conceptos sin necesidad de representar la realidad.

Robert Schwander
Thorn Red, 2025
Óleo sobre lienzo
50 x 70 cm

Domecq Arteaga
Frühlingsherz, 2025
Acrílico sobre lienzo
70 x 83 cm

El color en la exposición actual

La exposición actual dialoga con toda esta historia y la reinterpreta desde una mirada contemporánea. Aquí, el color no solo acompaña a la forma, sino que se convierte en protagonista: estructura el espacio, genera atmósferas y activa la experiencia del espectador. Las obras exploran el color como materia, como energía y como discurso, invitándonos a sentir antes que a comprender racionalmente.

En este recorrido, el color funciona como puente entre tradición e innovación. Resuena con su carga histórica, pero al mismo tiempo se libera de reglas fijas, abriéndose a lecturas personales y
sensoriales. La exposición nos recuerda que el color sigue siendo una de las herramientas más
potentes del arte para provocar emoción, reflexión y conexión.

Así, lejos de ser un elemento decorativo, el color se presenta como un lenguaje vivo, capaz de
adaptarse a cada época y de seguir transformando nuestra manera de mirar el mundo.

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